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viernes, 29 de noviembre de 2013

Robot Alienígena



Varios días habían pasado ya después del ‘incidente’ —no acontecimiento como SungYeol y Briana le llamaba, era un incidente y para ella quizás hasta un accidente— del beso con MyungSoo. Él no paraba de preguntarle cosas comprometedoras en momentos inadecuados —justo cuando WooHyun pasaba cerca y los miraba por la esquina del ojo—, y Silvana por supuesto, lo ignoraba. Esa había sido su resolución. Pero esa tarde, de las pocas en las que los chicos y ellas no tenían tanto trabajo —o estudio, en su caso— y se reunían a jugar, él decidió intentarlo una vez más.
Jugaban Twister y ella se encontraba en una posición no muy cómoda al igual que los otros seis jugadores. MyungSoo decidió hablarle una vez más, con todos presentes, porque ese día era una de las pocas veces en las que todos decidían ser la familia feliz y reunirse alrededor de alguna actividad, aunque algunos no jugaran —SungKyu y SungJong—. La escena era muy cómica, Silvana enredada entre los brazos, piernas y cabezas de SungYeol, Hoya, DongWoo, Briana, Laura y alguien que MyungSoo no quería ver junto a ella, WooHyun. Pero todos sabían que sin importar qué tan complicadas estuvieran las cosas entre ese par, él jugaría. Así que ahí estaba ella, con su cuerpo algo contorsionado, cuando el chico se apareció frente a ella.
     —Ssilvana ¿quieres salir conmigo? —hizo una vez más la pregunta que ella había escuchado más de mil veces esa semana y a todos se les escapó una risilla, quizás porque sabían lo que vendría.
     —No, gracias —respondió la chica con una sonrisa fingida y con algo de esfuerzo por la posición.
     —Ssilvana ¿quieres salir conmigo? —preguntó MyungSoo una vez más ignorando por completo la respuesta de ella y por supuesto todos rieron, pero nadie decía nada, todos estaban de acuerdo en que era un espectáculo que se merecía ver en silencio.
     —Ya te dije que no, ¿no ves que estoy jugando? —respondió Silvana esta vez con más rudeza en su voz.
     —Ssilvana ¿quieres salir conmigo? —preguntó una vez más y ella sintió que se volvería loca. SungYeol y WooHyun tenían razón, MyungSoo era un robot que habían mandado los extraterrestres para observarlos y ahora querían secuestrarla.
     —Silvana, pero ve con el niño —dijo su hermana mayor entre risas antes de que ella pudiera responder nuevamente y todos estuvieron de acuerdo. Y en ese ajetreo de todos hablar, se movieron y ella cayó al suelo soltando una expresión de fastidio.
Cuando se hubo levantado, él la tomó por el brazo para apartarla de los demás y ella se dejó guiar tratando de respirar para no explotar y decirle a MyungSoo todo lo que se merecía.
     —Ssilvana ¿quieres salir conmigo? —no podía ser posible, ¿por qué tenía que hacer una y otra vez la misma pregunta? Esto debía ser una broma. ¿Cómo podía existir en el mundo una persona tan extraña?
     —Ay Diosssssss… —respondió ella revolviéndose el cabello en desesperación— ¿por qué no lo dices de otra forma? No quiero escuchar más esa frase.
     —Sí me dices que sí, dejaré de decirla —ella iba a descubrir quienes eran los malditos extraterrestres que le habían mandado a MyungSoo para atormentarle la vida.
Silvana lo miraba con odio, pero él la miraba con esa extraña sonrisa que tenía el visual, pero que por algún motivo a todas sus fans le gustaba y ella no era la excepción. Silvana siguió mirándolo con desprecio por un rato hasta que no pudo soportarlo más y soltó una risilla. Después de todo era muy gracioso verlo así. Además ella no tenía ninguna razón justificable para decirle que no. WooHyun ya no era un obstáculo para ella, eso no quiere decir que ya no le gustaba, le gustaba aún y mucho; pero MyungSoo también le gustaba, siempre le gustó. Además él siempre la había preferido a ella, desde antes de conocerla. Y no es que no le gustara pasar tiempo con él, su robótica-alienígena actitud le era muy divertida. Nunca se había aburrido con él. Ella se merecía un helado y él merecía salir con ella y WooHyun merecía verla salir con otros, aunque ella a veces pensaba que a él no le importaba.
Pero ese no era el punto. El punto era que MyungSoo estaba frente a ella con esa extraña sonrisa esperando una respuesta. Quizás sí les haría caso a su hermana y a su amiga, ya que antes no les había prestado atención cuando le dijeron que no se metiera con WooHyun, pero es que ellas nunca le explicaron porque, así que ella no les dio importancia, siempre pensó que su hermana odiaba a WooHyun. Pero ahora, ambas chicas le decían todo el tiempo que no estaría mal que le diera una oportunidad al chico, que por cierto estaba muy ‘bueno’ como decía la pelirroja y ella no tenía duda alguna al respecto. Además, no le quedaría nada mal ser la novia del visual de Infinite.
Ella sonrió y él se sintió victorioso. Antes de que ella abriera la boca, el chico ya se le había colgado encima abrazándola y ella sintió que se asfixiaba.
     —Aún no he dicho que sí —dijo ella con el poco aire que quedaba en sus pulmones.
     —Pero lo harás —MyungSoo soltó el abrazo y la tomó por los hombros— ¿verdad?
Ella sonrió nuevamente y asintió con la cabeza. MyungSoo soltó un alarido de emoción y todos voltearon a mirarlos, Silvana sólo enterró la cabeza en sus manos y se dirigió a su hermana a decirle al oído que saldría (esa era una costumbre que aún no había perdido y no la perdería si no quería morir, como alguna vez le dijo la mayor), pero no podía esperar que ella se quedara callada. Justo cuando se levantó su ‘muy madura’ hermana mayor se puso en ‘actitud SungYeol’ como la menor solía llamarla, y empezó a gritar que “Silvana saldrá con MyungSoo”, seguida por los escandalosos gritos de SungYeol y Briana que en realidad ella no entendió. Y para evitar toda esa situación, salió corriendo y se puso los zapatos, empujó al chico fuera de casa y cuando estuvo lejos de la puerta y de los gritos de su escandalosa familia (como solía llamarlos), golpeó suave a MyungSoo en el hombro.
     —Aish… todo es por tu culpa —dijo la chica torciendo la boca y el chico rió estruendosamente.
     —¿Helado?
     —Um…

Entre todo eso, había un problema y es que ambos habían salido sólo con sus celulares y él por supuesto con su billetera (habría sido un desperdicio no llevarla), pero nada para medio disimular sus identidades. Así que tuvieron que salir a escondidas y meterse en uno de esos lugares de helados en los que nadie se mete. Donde los helados hasta feos deben ser. Pero bueno… ¿qué más se puede esperara de una cita improvisada?

Problemas

MyungSoo no entendía por qué sí tenía un día de descanso, no podía salir con su novia. El destino lo odiaba y él odiaba al destino y a la hermana de Silvana que no la dejaba ir a visitarlo cuando todos (o casi todos, porque por algún motivo SungJong y Hoya seguían en casa) habían salido. Leyó una y otra vez el capítulo que acababa de salir apenas del manga que estaba leyendo. Pero nada lo hacía dejar de pensar en ella, y es que era tan hermosa… Miró la foto que tenía de ella en su celular (como fondo de pantalla, porque era necesario verla todo el tiempo), estaba tan feliz de que su relación se hubiera estabilizado, aunque nunca era en realidad muy normal. Ella nunca dejaría de mirar a WooHyun (aunque no entendía por qué, si todos sabían que él era mucho más apuesto, por algo era el visual), pero él había entendido que lo veía como una fan ve a un idol, o al menos eso había dicho ella y él prefería creerlo.

Pero ahí estaba él, preguntándole en un mensaje, por milésima vez qué hacía y ella respondiéndole también por milésima vez que hacía un trabajo para la universidad. Dio vueltas en la cama y se enredó en las sábanas, hasta que se le ocurrió la idea más brillante del universo, pero cuando intentó levantarse, se dio cuenta de que estaba atrapado entre las sábanas y su propio cuerpo y gritó con desespero. Lo único que medio escuchó fue la vocecilla del maknae lanzando cualquier cantidad de insultos.

Cuando se hubo liberado por fin de las ataduras de su cama, corrió al baño y se encerró a bañarse. Iría a visitar a su novia, Laura había dicho que ella no podía visitarlo, no que él no la podía visitar. Después de todo, Briana y Laura sí estaban trabajando. Antes de entrar a la ducha le escribió un mensaje a su novia, avisándole que iría a visitarla y dos minutos después escuchó la melodía que le aceleraba el corazón, su novia lo llamaba.

         —No vengas —escuchó la voz de Silvana antes de que él le contestara con alguno de esos saludos ridículos que él solía usar en ella.
         —¿Qué? ¿Por qué? No, aish… yo quiero ir… —respondió el chico en un berrinche.
         —Porque estoy sola.
         —Mejor —respondió él con una galantería que le quedaba un poco extraña.
         —Si mi hermana llega y nos encuentra solos, nos mata. Y te imaginas que se le ocurra venir con SungKyu…

MyungSoo pasó saliva imaginándose la escena, en verdad era aterradora. Pero se llenó de valor para parecer valiente frente a su novia.

         —Ellos no tienen ningún derecho. ¿Sabes que cuando tu hermana viene, ellos se encierran en el cuarto?
         —Sí lo sé —dijo ella algo asqueada—, esos dos no tienen vergüenza.
         —Por eso, entonces iré.
         —Aunque te diga que no lo hagas, sé que lo harás.
         —Um…
         —Bueno, no tardes.

MyungSoo hizo caso a la última orden de su novia y estuvo listo en menos de quince minutos. Se vistió con lo primero que encontró (no es que hubiera mucha diferencia con el resto de su ropa, toda su ropa era igual) y salió de la casa sin avisarle a nadie más que a su conciencia.




Cuando estuvo frente a la puerta de la casa de su novia, tocó el timbre más de diez veces en menos de un minuto (y es que estaba desesperado por verla, aún cuando la había visto hace dos días, además, habían niñas cerca y ¿si eran fans? Entonces estaría en problemas) y ella abrió la puerta con esa mirada de odio que solía dirigirle. Él la empujó adentro entre los insultos de ella.

         —Shhhh… —dijo el chico mirando a la puerta ya cerrada— pueden escucharnos.
         —¿Quiénes? —dijo la chica fastidiada.
         —Las niñas que están en el pasillo.
         —Diossssss… —dijo ella llevándose una mano a la cabeza— te estás volviendo loco y me vas a volver loca a mí.

Antes de que ella se diera la vuelta, él la tomó entre sus brazos y la estrujó. Ella soltó un sonidito como si fuera uno de esos muñequitos de aire y la besó suave y ella lo besó también.

         —Ya me puedes soltar.
         —No quiero.
         —Pero me vas a matar.

MyungSoo soltó a su novia y la vio alejarse hacia no sé donde, pero él pensó que moriría. Se veía tan tierna como siempre, él la veía tan pequeña, tan frágil, pero tan sexy que no pudo aguantar más y entró en su modo desesperado. La tomó por el brazo y la jaló al cuarto y cuando estuvieron dentro ella se soltó bruscamente.

         —¿Qué haces? —preguntó ella fastidiada.
         —No hay tiempo que perder —ella rió.
         —¿Tiempo de qué?
         —Tu sabes de qué… —él miró a un lado y ella rió nuevamente.
         —Eso es tan poco sexy —dijo ella y él la miró tristemente.
         —¿Por qué siempre eres tan mala?
         —Debes seducirme, así no es divertido.  

Esta vez fue él quien rió. Y se acercó con ese caminado de L que a sus fans tanto enloquecía y su novia no era la excepción, sólo que ella reía suave y se cruzó de brazos esperando lo que vendría. Él se acercó a ella y la observó desde arriba. Sus ojos negros lo volvían loco. Pero detrás de esa ridícula actitud, estaba ese MyungSoo que a Silvana le gustaba y que él sabía ser sólo con ella.

Rodeó a su novia con sus brazos y la besó suavemente. Ella lo abrazó también y le respondió el beso. Él sentía las pequeñas manos de su novia en su espalda que lo rodeaban en su calor y su aroma. La levantó como en las películas (o los mangas, esos shojos baratos, con lolitas como protagonistas y donde el coprotagonista es un chico apuesto, alto y perfecto) y la puso suavemente en la cama. Ella lo miró riendo y él la besó nuevamente. No era la primera vez que sucedía. Las pocas veces que habían estado juntos, MyungSoo hacía todo un ‘ritual de amor’ (muy ridículo por cierto). Esos dos eran una pareja muy extraña. El chico se apoyó en uno de sus brazos y acarició el rostro de su novia. Ella sabía lo torpe que era con esas cosas (ni qué hablar de la primera vez, a ella le pareció muy tierno, sí, pero él había sido muy torpe… mucho) así que fue Silvana quien tomó el control esta vez.

         —Yo te voy a seducir esta vez —susurró la chica en su oído justo después de voltearse y dejarlo a él debajo de ella. Por supuesto MyungSoo estaba al borde de la muerte. Su corazón latía más rápido que cuando estaba en la montaña rusa, y su amigo allá abajo quería volverse loco.

La chica empezó a besarle el cuello lentamente, pasaba desde el borde de su camisa y subía despacio hasta su oreja y la mordía suavemente. Él temblaba ante cada beso. No había duda alguna, ese día moriría. Le dejaría toda su herencia a ella por haberlo matado felizmente.

Su corazón se detuvo cuando sintió los dedos de ella deslizarse por debajo de su camisa, rozando su abdomen y luego su pecho y luego la otra mano y sintió como sus pequeñitas manos se apoderaban de él y su corazón saltaba fuera de su pecho. No, eso no podía ser real, era un sueño, se había quedado dormido enredado entre las sábanas. Pero los besos de ella en su pecho lo trajeron a la realidad. Si no se había quedado dormido, se había muerto y estaba en el paraíso. Porque en el infierno no habían ángeles. Pero no podía ser el cielo, porque se estaba quemando, los besos de ella lo quemaban. Y si estaba en el infierno, eso sería un castigo, el mejor castigo que jamás habría existido. Pero si es un castigo acabará pronto.

MyungSoo se sentó de un brinco y ella lo miró asustada. Pero sin darle mucho tiempo, atacó sus labios intensamente, los besó con toda la pasión que cabía en su cuerpo, usó su lengua para explorar la boca de ella y sólo la soltó para quitarle el lindo camisón que llevaba, para encontrarse con ese lindo sostén (en realidad no era lindo, era azul, pero a MyungSoo le gustan las cosas tontas). Ella lo miró algo espantada, pero estaba feliz, éste era el MyungSoo que le gustaba. Y ahí estaban, esa extraña pareja, ella sentada en sus piernas, uno enfrente del otro, el devoraba sus labios. Pero él parecía desesperado y ella no podía seguirle el ritmo así que se detuvo y el chico la miró extrañado.

         —No me voy a ir a ningún lado —dijo la chica riendo y acariciando suavemente las mejillas de él.

Ella volvió a besarlo, esta vez más suave y él la siguió. Silvana le quitó la camisa y acarició su espalda, mientras él intentaba inútilmente soltar el estúpido cierre de su brasier. Ella entendió lo que sucedía y lo empujó suavemente, dándole a entender que se recostara y cuando él lo hubo hecho, ella misma soltó su sostén. MyungSoo sintió como su corazón se detenía al verla así, desnuda frente a él, con toda su perfección (porque ella era perfecta, no había en el mundo —ni en los mangas— una mujer más perfecta que ella) y no pudo aguantar las ganas de abrazarla, le encantaba, sentir su cuerpo desnudo junto al de él, el calor del cuerpo de su novia lo enceguecía y su aroma lo volvía loco. Y ahí estaba él, embobado con su chica entre sus brazos, hasta que volvió a la tierra.

         —¡¡MyungSoo!! ¡¡MYUNGSOO!! —lo bajó del cielo, su novia soltándose de sus brazos— están tocando la puerta.
         —¿Qué? —respondió con esa voz de robot defectuoso.
         —Rápido vístete —ordenó Silvana poniéndose las ropas que su novio le había quitado.

MyungSoo veía a su novia correr de aquí para allá, organizando el desastre que habían hecho, sin en realidad saber qué hacer. Ella lo empujó fuera de la habitación y lo hizo que se sentara en una de las sillas junto al computador, donde se supone ella debería estar trabajando (y no haciendo pensar a MyungSoo que soñaba, o que había muerto y estaba en el paraíso, o en el infierno con una sexy diabla…), justo antes de que abrieran la puerta. Quien abrió fue Laura, pero para desgracia de los chicos, quien venía detrás de ella era nada más y nada menos que SungKyu, seguidos por SungYeol y Briana (eso iba a ser una reunión molesta). MyungSoo pasó saliva y sintió como la mirada de SungKyu se le clavaba justo entre los ojos, lo había asesinado con la mirada. Estaba perdido, no sólo por todo lo que el líder le diría, sino porque su mejor amigo lo miraba con una sonrisa que sólo significaba que lo molestaría toda la vida por lo que acababan de presenciar (que no era nada en realidad, pero él sabía todo lo que SungYeol era capaz de imaginar, y a el alto no le temblaba la boca cuando se trataba de fastidiar a MyungSoo). Laura le dirigió una mirada asesina a él y luego dijo algo en español que el chico por supuesto, no entendió y su hermana le respondió, pero por el tono de sus voces sabía que estaba en problemas. MyungSoo tembló cuando sintió a su líder pasar por su lado y luego dirigirse a él.

         —¿Por qué no abrieron la puerta?
         —Porque pensé que era Laura —respondió Silvana quizás por miedo a que el chico dijera algo estúpido que los metiera en peores problemas de los que ya tenían.
        
SungKyu le dirigió otra mirada asesina.

         —¿Y porque era yo no me ibas a abrir? —preguntó esta vez la pelirroja que obviamente estaba también molesta. Y MyungSoo sintió que habían dos SungKyus que querían asesinarlo (quizás hasta tres, porque Briana no paraba de mirarlo).
         —Tú te sabes el código, SungKyu se sabe el código, Briana se sabe el código y SungYeol se sabe el código, ¿la pregunta es por qué estabas tocando y no entraste simplemente? Yo no estaba segura de quien podría ser —respondió la menor de las chicas y MyungSoo se impresionó por lo experta que era su novia en dar excusas.
         —Quien tocó la puerta fui yo —interrumpió SungKyu, y aunque era con Silvana, él sintió que las palabras iban para él.
         —Igual podías abrir —respondió Silvana que cuando estaba molesta (y vaya que estaba molesta, aunque MyungSoo no sabía si era con él o con el resto del mundo, porque él también estaba molesto porque no había terminado lo que con tantas ansias habían empezado, de hecho hasta su amigo estaba asustado y ahora él tampoco quería nada… o quizás sí, ella hacía que él siempre quisiera) no le tenía miedo a nadie y entre esos al mayor.

SungKyu no respondió, quizás por no pelear con la chica (nunca le decía nada en realidad, él dejaba que la pelirroja se encargara de ese problema) o quizás porque justo después de que Silvana le respondió, su hermana mayor empezó a decir una cantidad de cosas en español, excluyéndolos a todos (menos a Briana, quien ya se había reunido con las otras chicas en la cocina para entrar en la discusión), de la conversación. Las dos chicas mayores le decían cosas a Silvana y MyungSoo nada más veía como su chica torcía la boca en desaprobación. Pero MyungSoo no pensó más en su seguridad sino en la de él, cuando sintió la mano de SungKyu en su hombro, con esa molesta frase que dicen los padres y que te recuerda que estás en problemas “tenemos que hablar”, acompañada de la mirada de SungYeol que le hacía saber que después de la plática con el líder, venía la tortura que él le dedicaría.


Héroe

Entre las cosas que MyungSoo disfrutaba hacer estaba jugar videojuegos y más si podía hacerlo con su novia. Lo malo era cuando otros se pegaban al plan y terminaba siendo una pelea de cuatro con dos espectadores.
En esta ocasión jugaban Super Smash Bros. Laura, SungYeol, Silvana y él. Cuando MyungSoo estaba con sus hyungs y sus novias, se sentía bastante incómodo, sobretodo porque podía notar claramente cuanto le faltaba a él y a Silvana para llegar a ese grado, más aún si quienes jugaban eran Laura entre las piernas del líder y SungYeol con Briana entre sus piernas. MyungSoo estaba seguro de que lo hacían con la intención de atormentarlo, sobretodo porque cuando Silvana jugaba ni lo miraba.
En realidad la escena era muy cómica para todos, menos para MyungSoo que empezaba a tomarse la batalla más en serio. Y es que SungYeol y la pelirroja se habían aliado ahora para acabar con el personaje de Silvana. Por supuesto eso era lago que MyungSoo no permitiría. Todos sabían que él era el mejor jugador de los siete, y aunque su mejor amigo le diera la batalla, nadie iba a impedir que defendiera a su novia. Entre los gritos de SungYeol y Briana, las quejas de Silvana y los sonidos que se escavan de la boca de Laura porque SungKyu le tapaba la boca para que no gritara, MyungSoo sólo estaba concentrado en la batalla.
Corría por el campo amplio de Hyrule, porque su caballo ya lo había abandonado, llevaba su espada desenvainada a un costado, blandiéndola cuando era necesario, para derrotar a los monstruos que su enemigo y su secuaz enviaban para que él no pudiera llegar y rescatar a su adorada princesa.
Un par de estocadas y estuvo frente al secuaz de su enemigo. No le fue muy difícil derrotarlo, ya que la fuerza de aquel engendro no era nada comparada con la suya. Ahora sí, el momento de la verdadera batalla había llegado. No quedaban más que él y su enemigo, su adorada princesa esperaba para ser rescatada.
El guerrero tomó su espada con las dos manos, mientras su enemigo se preparaba para atacar. Ambos corrieron frente a frente y chocaron sus espadas, un sonido brillante estalló en el ambiente al choque de los metales. El joven guerrero fue más rápido que su contrincante y con una estocada cortó un costado de su enemigo, golpe que lo dejó paralizado y dio oportunidad al héroe para atravesar su vientre con la espada. Mientras la sangre caía de la herida el guerrero cortó la cabeza del aterrador monstruo con un movimiento rápido de su espada.
El héroe tomó la cabeza de su enemigo y sintió el sabor de la victoria en su boca. Pronto una felicidad arrasadora lo invadió y empezó a reír. Reía escandalosamente porque sabía que al fin tendría a su princesa. Pero otra risa empezó a oírse y el guerrero tuvo que abrir los ojos. Cuando abrió los ojos MyungSoo se encontró de vuela en la salita del dorm y las miradas burlonas de sus cuatro amigos y su novia.
El chico se sentó nuevamente junto a su novia mientras esta lo abrazaba como quien abraza a un niño chiquito después de que hizo algo gracioso.
—Si héroe, ahora pon otro mapa que esta vez voy a ganar —habló SungYeol mientras MyungSoo se dejaba abrazar sintiéndose victorioso porque de una u otra forma había conseguido su premio.