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viernes, 29 de noviembre de 2013

Yeollie

La cabeza se le iba a explotar. Ahora que había dejado de tomar café como antes, no encontraba nada más que lo distrajera para no pensar en su constante dolor de cabeza (sí, porque si no pensaba tanto en eso quizás podía desaparecer. Mentira), el té no servía y temía tomar cualquier pastilla para el dolor y terminar volviéndose dependiente de ellas. El café parecía un vicio menos espantoso. Quizás debía empezar a fumar a escondidas, dicen que la nicotina calma los nervios. Nadie tenía que enterarse de todas formas y aunque se enteraran, no tenía porque darle explicaciones a nadie, estaba lo suficientemente grande para hacer con su vida lo que quisiera. Sí claro, ¿a quién estaba tratando de engañar? Su vida no le pertenecía, su salud no le pertenecía y sus nervios no le pertenecían.
Empezaba a creer que nunca dejaría de afectarle, no importaba cuantas veces fuera a un variety show y en todos le dijeran lo mismo, nunca dejaría de afectarle. En ocasiones le afectaba menos. Pero siempre sería igual, nunca dejaría de ser el miembro inútil de Infinite, el que no canta, no baila y no es lo suficientemente apuesto. No importaba cuánto ejercicio hiciera, nunca llegaría ser la mitad de apuesto que WooHyun. No importaba cuánto se arreglara no llegaría a ser tan lindo como MyungSoo o SungJong. Sin importar cuánto ensayara no bailaría nunca como Hoya o DongWoo. A nadie le importaba qué tan bien rapeara o cantara, nunca le darían más de dos líneas en una canción.
Mientras todos hablaban de lo bien que les había ido en el programa, SungYeol fingía —como siempre— y hablaba de lo muy ‘divertido’ que había sido. Su cabeza palpitaba y sólo pudo agradecer lo muy tarde que llegaron al dorm, porque así nadie le preguntaría por qué corrió a su cuarto, a esconderse debajo de las sábanas como un niño pequeño para esconderse de los fantasmas que lo perseguían, pero que por supuesto, no lo dejaban en paz aún cuando se encontraba lejos del mundo que lo atormentaba. SungYeol nunca dejaba de pensar en lo muy inconforme que se sentía consigo mismo, todos le decían que debía encontrar ese punto en el que se sintiera orgulloso de sí mismo, pero sin importar cuánto lo buscara, no lograba encontralo. Más aún porque de su cabeza nunca saldrían esas palabras que le recordaban lo inútil que era, Infinite no lo necesitaba, si SungYeol faltara en Infinite nadie lo notaría. De hecho nadie hizo algún comentario sobre su ausencia cuando estuvo grabando Law Of The Jungle.
SungYeol sentía cómo su corazón se encogía y se odiaba por ser tan débil, tan inútil y tan inferior a lo que incluso él mismo decía ser. Su cabeza empezó a palpitar una vez más y esta vez sintió ese nudo en la garganta que no significa más que las lágrimas que luchan por salir. Apretó los dientes tratando de ser fuerte, pero no lo soportó más, dejó que las lágrimas corrieran, quizás si se dormía llorando estaría tan cansado que las pesadillas no lo perseguirían esa noche.
Las lágrimas corrían por su rostro y caían en su almohada que estaba ahora mojada por la cantidad de lágrimas que salían. SungYeol estaba cansado de llorar, quería ser tan fuerte como SungKyu, que aunque él sabía lo muy débil que podía ser a veces, se mostraba siempre fuerte para ellos. Pero él no era así, por mucho que lo intentara nunca sería lo suficientemente fuerte y nunca dejaría de llorar por las noches hasta que su cabeza dejara de doler y el cansancio lo derrotara a tal punto que las pesadillas no lo perseguían.

Parents

La llamada de SungYeol la tomó por sorpresa esa madrugada mientras aún trabajaba. Habían pasado apenas unas semanas desde que habían formalizado su relación y todos los miraron extrañados, porque pensaban que nunca lo harían y pretenderían ser amigos toda la vida. Desde el principio había sido complicado estar con SungYeol. Briana muchas veces se quejaba con su mejor amiga argumentado estar enamorada de un hombre que no la tomaba en serio o que no sabía lo que querían, mientras la pelirroja le decía que tuviera paciencia porque las cosas se solucionaría. Por supuesto, Laura se había sentido victoriosa cuando la rubia le contó que el chico le pidió que fuera su novia.
     —¿Aló? —contestó ella algo extrañada, dándose cuenta de la hora después de tres horas de no haber visto el reloj.
     ¿Dormida?
     —No, aún trabajo. Deberían ser más apuestos, así no tendría que editar tanto las fotos.
     Entonces no tendrías trabajo —respondió el chico riendo.
     —Pero sería feliz.
     Si claro. Tengo un día libre el fin de semana.
—Los Idols hoy día no trabajan tanto como antes —el rió nuevamente.
Quiero llevarte a casa para que conozcas a mamá —dijo él finalmente y ella quedó sin palabras—. Sábado. Si tienes mucho trabajo le pediré a Laura que te ayude con eso. Pasaré por ti a las 9:30 a.m —dijo el chico colgando la llamada sin darle tiempo a su espantada novia de negarse a la invitación.
Ella miró el teléfono asustada y procedió a contarle a su mejor amiga la aterradora invitación que su novio acababa de hacerle. La pelirroja rió eufóricamente, mientras se burlaba de ella diciéndole que no era la gran cosa. Pero para Briana sí lo era, siempre le había sido difícil conocer a la familia de sus novios, más aún si la familia de su nueva pareja era de un país en el que ella era extranjera.
Los días pasaron mientras el temor crecía en ella, cada vez que hablaba con su novio intentaba negarse a ir, pero sabía que tarde o temprano debía hacerlo y quizás era mejor salir de eso. Todos los días le preguntaba a Laura cómo había sido su encuentro con la familia de SungKyu y ella todos los días le respondía entre risas que no se preocupara por eso. Pero le era imposible, aún cuando no pensaba en su novio, pensaba en los padres de él.
Llegó el día y una hora antes de que su novio llegara, seguía decidiendo que ropa debería ponerse. Laura le recomendaba una tras otra, diferentes faldas, blusas, vestidos, pantalones pero ella no se decidía por nada. Estaba al borde del colapso mental y al borde de las lágrimas, como solía suceder en momentos como ese. Empezaba a quejarse por lo muy fea que era, porque estaba gorda, porque no le gustaba su cabello, su estatura, nada; y su mejor amiga le repetía una y otra vez las palabras flojas en las que le recordaba lo muy linda que era y bla, bla, bla, bla. Laura empezaba a desesperarse, y pronto las chicas entrarían en las batallas campales que tenían cada vez que alguna de las dos empezaba a quejarse por su apariencia. Pero para suerte de la pelirroja, SungYeol llamó a su novia justo antes de que las lágrimas de ésta empezaran a brotar por sus ojos.
     ¿Lista?
     —No.
     ¿Por qué?
     —Porque no sé que ponerme. No voy a ir —el rió del otro lado de la línea, la conocía bien y justo por eso había llamado, para asegurarse de que ella no sufriera ese tipo de conflictos.
     ¿Qué tal si te pones el vestido azul con florecitas?
     —¿Eh?
     A mí me gusta cómo te queda.
     —Bueno —respondió la chica con una mueca en la boca antes de colgar la llamada.
Ella se puso el vestido y definitivamente se sintió bien con él puesto. Sólo hacía falta la opinión de él para que se sintiera cómoda con cualquier cosa que se pusiera. Quince minutos después, cuando estuvo lista recibió un mensaje de él.
     “¿Qué tal?”
     “A mí también me gusta”
     “Bueno, abre la puerta. Ya estoy afuera”
Ella se sorprendió y tomó aire para ir a enfrentar a su destino, los padres de su novio.
Durante el camino, trató de no pensar en su tortura hasta que no lo pudo evitar más. Frente a la puerta del departamento de los padres del chico, Briana apretó fuerte la mano de su novio y él rió, mientras le decía que todo estaría bien, no había nada que temer.
La puerta se abrió, y lo primero que la chica vio fue la brillante sonrisa de la madre de SungYeol. Briana sonrió de vuelta e hizo una venía un poco torpe, aún no se acostumbraba mucho a ella. La señora les indicó que entraran y el chico le dio un beso a su progenitora en la mejilla. Briana entró un poco nerviosa, guiada por la mano en su espalda de su novio. Se sentaron en uno de los sillones que había en el departamento. La madre de SungYeol se disculpó diciendo que iría a ver cuánto tardaría el padre del chico en llegar a casa, y mientras tanto la chica se dio el lujo de detallar el departamento. Por todas partes había fotos enmarcadas del exitoso chico, en diferentes presentaciones, con diversos atuendos y sobre todo con muchas poses que hicieron que la chica riera. Unos instantes después apareció el hermano menor de SungYeol, DaeYeol. Briana no lo había visto antes, quizás en unas fotos y había sabido de él desde antes de llegar a Corea, pero sólo hasta ese entonces su hermano tuvo el placer (o disgusto, ella no supo muy bien) de presentárselo. Ella lo vio atractivo y cuando el muchacho se hubo marchado, la chica le dio un codazo a su novio diciéndole que si se portaba mal lo cambiaría por su hermano menor, a lo que él respondió con un gesto de desaprobación.
Pronto llegaron los padres del chico. Una pareja no tan mayor como ella se lo habría imaginado en realidad, aunque ya había visto a la señora en algún programa junto a SungYeol. Briana se sorprendió por lo mucho que su novio se parecía a su padre. Estaban sentados en la salita mientras conversaban. SungYeol les hablaba a sus padres de cómo había conocido a la chica y qué hacía ella en la empresa, hasta que el padre del chico le pidió a SungYeol que se callara y dejara hablar a su novia sobre su propia vida. El chico sonrió y asintió apenado. A Briana le costaba un poco entender perfectamente lo que se decía en la conversación, ya que tanto a ella como a su mejor amiga aún les costaba un poco entender del todo las palabras en coreano; pero ella seguía el ritmo. Habló de su familia en Colombia, de cómo había llegado a Corea y de lo que hacía en Woollim Entertainment. Dónde vivía, cuantos años tenía y una pregunta incómoda que había hecho la madre del chico, sobre qué era lo que más le gustaba de su hijo.
Después de una larga conversación en la que variaron los interlocutores, los padres del chico volvieron cada uno a sus labores de sábado por la mañana y acordaron encontrarse a la hora del él almuerzo, cuando SungYeol dijo que quería enseñarle el vecindario a su novia.
El chico salió con una gorra y le puso uno a ella, para disimular un poco el hecho de que era una celebridad por las calles de YeongDae caminando tomado de la mano con una chica. Caminaron alrededor del edificio, mientras él le señalaba desde lejos los lugares en los que había vivido la mayor parte de su adolescencia, antes de que se le pasara si quiera por la cabeza que algún día sería un idol.
Durante el almuerzo las cosas fueron un poco más complicadas, Briana trataba al máximo poder parecer los más decente posible, mientras su novio hablaba mucho con su boca llena de cualquier cosa que comía y su padre lo mandaba a callar repetidas veces. Fue un alivio para ella notar que ya sea por condescendencia con ella o por costumbre, todos comían con cuchillo y tenedor. Hablaron de cualquier cosa, pero ella prefería hacerlo en lo más mínimo, así se sentía menos intimidada.
Después del almuerzo Briana se ofreció a lavar los platos, mientras que la madre de SungYeol le contaba historias graciosas y patéticas de su hijo (porque eso hacen todas las madres) y éste, trataba de callar a su madre que lo avergonzaba.
Cuando la conversación y la jornada de limpieza hubieron terminado, todos (y en especial SungYeol) decidieron que era mejor ir a descansar. La madre del chico se sentó en el mueble a tejer algo y éste le preguntó a su novia si quería conocer su habitación, a lo que ella aceptó entusiasmada.
El lugar era una habitación angosta bien organizada. Para ella no era ningún secreto que su novio se escapaba algunas noches del dorm, para ir a dormir a la casa de sus padres, le daba “mamitis”, como decían ella y Laura. Así que la habitación era más usada de lo que se pensaba. El chico cerró la puerta y ella se sentó en la cama.
     —¿Qué tal? —preguntó él llevándose las manos a la cadera y mostrando esa gran sonrisa que solía usar.
     —Es un cuarto normal  —respondió la chica escaneando la habitación que no tenía nada fuera de lo común.
     —Eso no —dijo él con una mueca sentándose junto a ella—, mis padres, ¿qué te parecieron?
     —Aaah… eso… pues, estaba bastante nerviosa, pero son muy amables.
     —Sí, ¿verdad? Mamá es un ángel —dijo el chico orgulloso y ella no respondió nada.
Hubo un silencio incómodo. Quizás ambos sabían lo que estaba pensado el otro.
     —Y… ¿por qué no tienes cosas de Infinite en tu cuarto? —habló después de un tiempo la chica tratando de romper el silencio incómodo.
     —Porque no quiero verlos en todas partes —respondió él con un tono de voz galante mientras se acercaba lentamente a su novia. Ella no respondió y retrocedió un poco. No es que le tuviera miedo a la boca de su novio, porque definitivamente no era así; es que se sentía incómoda en la casa de su novio, en el cuarto de su novio, mientras este pretendía besarla. Pero por supuesto, la chica no tenía la suficiente voluntad para negarse a los labios de su novio que ahora rozaban los suyos cadentemente.
Pronto estuvieron besándose suavemente, sin tocarse más que los labios. Estaban apenas conociendo las preferencias del otro, y, aunque antes de oficializar su relación ya habían compartido un par de besos, sus encuentros posteriores no habían pasado a más que eso. En unos segundos de besos suaves pero profundos, el clima alrededor de ellos empezó a tornarse más cálido. Él se acercó más a ella, mientras con su mano izquierda rozaba suavemente el brazo que tenía apoyado sobre la cama. A pesar de lo muy nerviosa que ella pudiera estar, no podía negarse a sus caricias, y a la fuerza que él estaba ejerciendo lentamente para recostarla en la cama. Cuando estuvo por fin sobre ella, apoyado en sus propios brazos, él dejo de besarla y ella abrió los ojos suavemente, para encontrarse con esa sonrisa seductora que tanto le gustaba.  El chico corrió los cabellos que caían sobre el rostro de ella y la besó, primero en la frente y luego en la mejilla, para finalmente darle un beso largo y cálido, de esos besos que te derriten, pero no en pasión si no en amor. Ella sonrió aún en sus labios y el la miró profundamente antes de recostarse sin ningún aviso en el pecho de la chica.
—Tu corazón late rápido.
—Um —asintió la chica algo nerviosa sin entender en realidad por qué. Se sentía como las quinceañeras en su primer amor.
     —¿Es por mí?

     —Quizás —respondió ella finalmente y ambos callaran por un tiempo, disfrutando el uno del otro. Disfrutaban por primera vez esa cercanía que nunca antes habían tenido y que por supuesto no tendría cerca de los otros siete seres que los rodeaban todo el día.

Trabajo

Después de una jornada agotadora de fotografías, los chicos irían a ensayar para las presentaciones que vendrían en esa semana y SungYeol no paraba de pensar en su novia, hacía ya dos semanas que no la veía. Aún cuando la llamaba todos los días más de dos veces, era muy poco lo que podían hablar porque ambos estaban muy ocupados. A pesar de que trabajaban en la misma empresa, no se verían ni en reuniones, estaban en departamentos diferentes; él y sus otros seis compañeros eran la imagen y ella estaba en el equipo que se encargaba del diseño. Quizá ella lo veía en fotos todo el tiempo, porque en eso trabajaba, pero él tenía que contentarse con ver por la noche antes de dormir, las pocas fotos de ella que tenía en el celular.
En ese fluir de pensamientos se encontraba durante el ensayo hasta que SungKyu dijo que tomarían un descanso y él aprovechó para hablar con él.
     —Hyung ¿hace cuanto no ves a Laura-ssi? —preguntó refiriéndose a la novia del líder, mejor amiga y compañera de trabajo de su novia.
     —El mismo tiempo que tienes tú de no ver a Briana —respondió el líder dándole unos golpecitos en la espalda.
     —¿Y no quieres verla?
     —Claro. Pero ambos sabíamos que sería difícil y aún así decidimos meternos en esto. Además, están muy ocupadas, quizá tanto como nosotros —finalizó SungKyu tomando agua y mientras se alejaba SungYeol refunfuñaba.
Él sabía perfectamente que tan ocupada estaba su novia, no era necesario que se lo recordara. Momentos como ese SungYeol pensaba que el carismático líder de Infinite no tenía sentimientos. A veces parecía como si no le importase su novia. De hecho, muy poco los veía juntos, pero llevaban más tiempo de ser novios que él y Briana, además SungKyu parecía una persona sensata, algunas veces. Quizá por eso le hacía caso y hasta a veces quería llevar esa especie de calma que llevaba con su relación. Pero él no podía, su temperamento se lo impedía. Llevaban una relación complicada y todos los sabían. Muchas veces el ambiente alrededor de ellos se tornaba tenso, y era gracias a ellos mismos. Pero nadie se metía, ni les preguntaba. MyungSoo alguna vez le hizo un comentario diciéndole lo incómodo que era estar con los dos y SungJong gruñía sobre lo molesto que era SungYeol. Los únicos que en verdad se interesaban eran DongWoo y el manager Hyoan. DongWoo se preocupaba siempre por todos y siempre tenía palabras lindas que decir en momentos difíciles, así que muchas veces había resuelto problemas con Briana, gracias a la ayuda del mayor. Con el manager las cosas eran un poco diferentes, y SungYeol estaba convencido de que la insistencia del manager en preguntar por su relación, se debía a que no quería que estuvieran juntos, así que él tendía a hacer caso omiso a los argumentos de éste.
Pero detrás de todos los conflictos que él y Briana pudieran tener, estaba ese sentimiento que no sabía muy bien cómo explicar. Él se sentía bien junto a ella, su compañía le hacía bien, y por primera vez después de tantos años, se sentía admirado. Él la quería, y la quería ver.
—Hyung, no tienes sentimientos —murmuraba mientras salía de la sala para llamar a Briana.
El teléfono sonó y nadie lo respondía. Lo intentó dos veces más pero nadie atendía. Se retiraría derrotado y lo intentaría más tarde, pero antes de que volviera a entrar a la sala de ensayos, su novia le devolvió la llamada.
     —¿Aló? —contesto algo agitado.
     Hey —respondió la dulce voz de su novia del otro lado del teléfono.
     —Hola pequeña, ¿Cómo estás?
     Bien, algo ocupada con el diseño del comeback, pero vamos bien. ¿Tú como estas? Te oyes cansado.
     —Lo estoy, pero de no verte —respondió riendo.
     Aww… yo también te extraño.
     —SUNGYEOL-AH YA VAMOS A CONTINUAR —se escuchó la voz de WooHyun llamándolo.
     —Aish… ya me tengo que ir, linda.
     Mmmm… dale. Espero que podamos vernos pronto —respondió triste su novia.
     SUNGYEOL —dijo esta vez la voz de SungKyu y supo que estaría en problemas si ‘el líder sin sentimientos’ lo buscaba.
     —Adiós pequeña.
     Bye, bye —fue lo último que escuchó antes de colgar la llamada.
Al entrar a la sala nuevamente, SungYeol se sentía peor. Quizá la extrañaba más, pero tenía un nudo en la garganta y no era por cuánto la extrañara. Sabía o creía saber lo que ella estaba pensando. Quizás porque él mismo también lo pensaba. Era muy duro estar con alguien que no puedes ver. Pero se lo habían advertido, en esa reunión en la que el CEO-hyung los había sentado en su oficina a SungKyu y a él, y les preguntó si estaban seguros de lo que una relación en esas alturas de sus vidas implicaba. SungYeol fue muy tonto o estaba muy enamorado, porque nada de lo que el CEO-hyung dijo le pareció difícil. El líder lo miraba con una expresión seria, él parecía tomarse muy en serio ese tipo de cosas. Pero en realidad, nada de lo que se había hablado en la conversación, había sido impedimento para que SungYeol decidiera estar con Briana. Pero ahora, veía las cosas en una perspectiva diferente, varios meses después de aquella conversación y SungYeol no lograba ajustarse a lo incómodo de sus jornadas de trabajo y su relación.
Después de la dura jornada del día, llegaron a casa agotados, querían dormir y él quería llamar a Briana antes de hacerlo, pero el manager-hyung los llamó a una reunión antes de que se acabara el día. Estaban todos sentados en la sala medio dormidos, mientras el mayor hablaba de los resultados que se esperaban del comeback, que esperaba que todos se esforzaran mucho, que él sabía que estaban cansados y que querían ver a sus familias —y novias— pensó SungYeol, pero que debían ser fuertes, y otra cantidad de cosas que él no escuchó porque moría del sueño.
Cuando por fin terminó la conversación, era ya muy avanzada la noche. SungYeol se encerró en el baño y marcó el número de Briana. Después de dos tonos contestaron el teléfono.
     ¿Si? —habló la voz de una mujer al otro lado de la línea, pero él supo que no era su novia.
     —¿Laura-ah?
     Hola Yeol.
     ­—¿Briana? —preguntó él dudoso.
     Está dormida. Hemos estado trabajando duro. ¿Quieres que la despierte?
Él lo pensó por un momento antes de responder.
    
     —Ah… no… no, déjala dormir. Yo la llamo mañana —dijo y colgó la llamada sin esperar respuesta. Sabía que la chica se molestaría, pero a él no le importó mucho. Estaba molesto, aún cuando sabía que no debía molestarse. No era culpa de ella estar cansada y querer dormir, él también quería dormir. Pero sentía que ella no hacía ningún esfuerzo, aún cuando sabía muy bien la razón por la cual ella no lo llamaba. Habían acordado que sólo lo llamaría cuando fuera necesario, ya que su agenda era complicada. Aún así estaba molesto, con ella por dormirse y con él por enojarse.
Fue un alivio para él que dos días después de la llamada, su líder se hubiera desesperado por ver a su novia y pidiera un día de descanso. La excusa de SungKyu fue que los chicos estaban cansados. Excusa o no, a él le convenía así fuera medio día de descanso.
Mucho mejor se sintió cuando el líder les ordenó organizar el departamento porque las chicas irían a visitarlos. SungYeol parecía un niño chiquito que va a ver a la niña que le gusta y no a la que ha sido su novia por más de un año. Se veía justo igual que MyungSoo, quien estaba enamorado de la hermana menor de Laura, la que sólo tenía ojos para WooHyun. Pobre MyungSoo, se veía patético.
Cuando llamaron a la puerta estaba ya lo suficientemente ansioso para ser él mismo quien abriera la puerta. Pero su ansiedad fue cortada de golpe cuando se dio cuenta que entre las personas que habían llegado no estaba su novia.
     —¿Y Briana? —preguntó al abrir la puerta y ver que sólo entraban Laura y Silvana, su hermana menor.
     —Hola Yeol —respondió la pelirroja con una sonrisa fingida y él ignoró su comentario.
     —¿Briana no va a venir? —preguntó nuevamente al cerrar la puerta.
     —No sé. Pregúntale a ella —respondió Laura en los brazos de su novio obviamente irritada y SungYeol no supo porque. A veces sentía que ellas se aliaban para atormentarle la vida.
     —Deberías llamarla —dijo Silvana en un susurro y él pensó que no era necesario que se lo dijera, igual lo haría. Briana iba a enterarse de un par de cosas. No podía creer que ella no vendría, eran ya dos semanas largas sin verse y cuando por fin tenía un espacio en la agenda, ella no llegaba.
Se encerró en el baño, como siempre. Se había convertido en su lugar de meditación y el lugar en el que hablaba con Briana o más bien discutía con ella. No podía creer que ella hubiera preferido quedarse en casa antes de ir a verlo. Ambos sabían que esa sería la única oportunidad de verse en mucho tiempo. No sólo eso, sino que también lo humillaba frente a los otros, que habían notado obviamente lo tenso del ambiente justo cuando él abrió la puerta.
     ¿Aló? —lo interrumpió en sus pensamientos la voz de su novia del otro lado del teléfono. No fue necesario que ella dijera nada más para que él notara que estaba ocupada.
     —¿Por qué no viniste?
     Porque estoy trabajando.
     —Ven —respondió él en una orden, sabiendo que ella se molestaría.
     No, sabes que cuando estoy inspirada en un diseño no puedo parar hasta terminarlo.
     —¿Y por qué Laura si vino? ¿No trabajan juntas?
     Yo no sé, pregúntale a ella —justo la misma respuesta; ya no habían dudas, se habían confabulado para hacerlo enojar y claramente lo lograban.
     —Ven —repitió la orden.
     No voy a ir.
     —Briana, ven o se acaba todo aquí —ordenó él como último recurso, arriesgándose a lo que vendría después de eso.
     Pues que se acabe, ya era hora ­—respondió la chica finalmente antes de cortar la llamada.
SungYeol golpeó la pared del baño. Estaba arto de discutir con ella. Siempre que sentía que las cosas se estabilizaban, algo pasaba y el ‘equilibrio’ que habían logrado desaparecía rápidamente en cuestión de segundos.
Salió del baño desportillando la puerta y se encontró con la mirada inquisidora de WooHyun, pero antes de que pudiera decirle algo, SungYeol pasó por su lado golpeándolo en el hombro; y mientras se dirigía a la sala, lo escuchó murmurar argumentando que si no estuvieran las chicas en casa lo golpearía, entre otra sarta de palabras a las que no le dio mucha importancia.
Cuando estuvo en la sala, sintió el peso de la mirada de los que estaban ahí y entre esos Silvana que lo miraba como esperando un respuesta que él, por supuesto, no le daría.
     —¿Dónde está Laura? —preguntó SungYeol dirigiéndose a todos, pero sólo respondió la chica que parecía ser la única a la que no le importaba intervenir en el variable temperamento del alto.
     —Con SungKyu. Pero creo se enojarán si los molestas —respondió la chica mientras jugaba con MyungSoo frente a la tv.
     —Pues que se enojen —respondió SungYeol dirigiéndose al cuarto.
     —Qué molestos son —escuchó la voz del maknae.
     —Igual que tú —respondió él y dedujo que el menor no le respondió porque Silvana se encontraba en casa, porque de lo contrario se habría convertido en una discusión mucho más grande.
Frente a la puerta en la que supuso se encontraba el líder y su novia haciendo quién sabe qué y que definitivamente no quería imaginar, pasó saliva dispuesto a enfrentar los insultos del mayor que ya varias veces antes les había advertido a él y a Briana que no los metieran en sus pleitos.
     —Hyung —tocó la puerta pero nadie abrió. SungYeol se mordió el labio y respiró profundo dispuesto a tocar nuevamente, pero fue un alivio que abrieran la puerta antes de que pudiera dar el segundo golpe. Más alivio aún fue, cuando vio que quien abrió era la novia y no el ogro.
     —¿Qué pasó? —preguntó la pelirroja susurrando, entreabriendo la puerta.
     —¿Puedo hablarte? —preguntó el chico susurrando también por miedo a que la bestia despertara y tuviera problemas más tarde. Él chico doblegó esta vez su carácter, ya que no le convenía hacerse el valiente frente a la chica, porque obviamente no lo ayudaría, como ya había sucedido antes. SungYeol consideraba a Laura como una buena persona que era necesario mantener lejos de él. Laura tenía un aspecto que lo hacía sentirse débil frente a ella, era la novia del líder. Por esa razón, nunca había logrado sentirse del todo cómodo con ella, y más aún, porque poco a poco se había dado cuenta de lo muy parecidos que eran. No sólo él lo había notado, sino que Briana se encargaba de recordárselo todo el tiempo. Eso era algo que lo atormentaba, sobre todo por el hecho de pensar en que si fuera mujer estaría enamorado de SungKyu-hyung. La idea le daba náuseas.
De cualquier forma, la chica salió y lo miró esperando una respuesta.
     —¿Por qué no vino Briana-ah? —dijo después de tomara aire y escoger bien las palabras.
     —¿Ya la llamaste?
     —Sí.
     —¿Y qué te dijo?
     —Que estaba trabajando.
     —Pues eso hace, Yeol —respondió la chica en ese habitual tono dulce de voz que solía emplear en momentos como ese—, deberías creerle.
     —Yo le creo —respondió el alto un poco exaltado—, es sólo que no puedo creer que prefiera trabajar que verme.
     —No lo prefiere.
     —¿Entonces?
     —Pregúntale tú.
     —Otra vez con eso —murmuró SungYeol entre dientes.
     —¿Qué?
     —Nada, nada.
     —Bueno, como sea. Deberías hablar con ella.
     —Pero ya lo hice. No sé qué es lo que espera de mí.
     —Pues averígualo —respondió finalmente la chica picando un ojo mientras entraba a la habitación y SungYeol supo que insinuaba algo, pero no supo qué. Ella cerró la puerta y él iba a tocar nuevamente para saber a qué se refería la chica, pero antes escuchó la voz de su líder.
     ¿Dónde estabas? —se escuchó la voz soñolienta de SungKyu.
     En el baño.
Fue suficiente para que SungYeol se arrepintiera de tocar la puerta, y decidiera ir a su habitación a pensar qué hacer. Después de apenas unos minutos de pensar, decidió que hablaría con Silvana, era el único recurso que le quedaba.
     —Silvana-ah, ¿Briana estaba muy ocupada? —preguntó a la de cabello violeta que ahora conversaba y reía nerviosamente con WooHyun.
     —Mucho en realidad.
SungYeol suspiró.
     —¿Y por qué Laura-ssi no está trabajando con ella? —preguntó SungYeol algo irritado al ver la mirada de borrego que MyungSoo le dedicaba a la chica desde la cocina, y luego alternaba a mirar a WooHyun con odio.
     —Porque ella ya había acabado su parte.
     —Eres demasiado estúpido —se metió WooHyun en la conversación.
     —¿Y a ti qué? —respondió SungYeol olvidándose de la presencia de la chica y dispuesto a comenzar la tercera guerra mundial si era necesario.
     —¿Por qué no vas a acompañarla mientras trabaja? —respondió el otro chico ignorando la declaración de guerra del alto.
SungYeol no fue capaz de decir más nada. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Él quería verla, eso era lo importante. Él sabía que ella también quería verlo. Harían lo mismo que hacían el líder y su novia, dormir y darse besitos. O más bien, mientras ella trabajaba él le daba besitos. Sí, WooHyun tenía razón. Era el ser más estúpido de la tierra y había perdido casi toda la mañana ya, así que no perdió más tiempo y fue a su cuarto a escoger unas gafas para disimular su presencia en las calles.
No la llamó, porque era obvio que ella se negaría, argumentando que no podría trabajar si él estaba con ella. Así que decidió partir sin decirle nada y por supuesto, nadie le preguntó a dónde iba. Todos se lo suponían.
Tomó un taxi ya que nadie lo llevaría y no podía darse el lujo de hacer un escándalo por las calles. Llegó rápido al edificio, no estaba muy lejos. Entró sin hacer más que una venia a la persona que estaba encargada de la vigilancia, ya lo conocía y sabía a dónde se dirigía. SungYeol no estaba del todo confiado en la fidelidad de éste, y creía que en cualquier momento sabría quién era y haría un escándalo por ello. Así que prefería mantenerse alejado del sujeto, de hecho, él prefería mantenerse alejado de la gente que la rodeaba, y así se evitaba problemas.
Cuando estuvo frente a la puerta del departamento de su chica, acercó la oreja a la puerta para ver qué escuchaba, pero lo único que escuchó fue la música extraña que usaba su novia cuando estaba trabajando. No estaba seguro si quería digitar la clave y entrar por su cuenta, o si quería llamar a la puerta y darle la sorpresa. De cualquier forma se sorprendería, así que digitó la contraseña y entró.
Abrió la puerta lentamente y miró hacia adentro. Pronto vio la espalda de su novia que trabajaba en el computador al otro lado del departamento. Al parecer ella no había escuchado la puerta por el volumen de la música. Él aprovechó la oportunidad y entró rápidamente y en silencio. Cerró suavemente la puerta y se quitó los zapatos en la entrada. Caminó despacio y se acercó a ella, y cuando estuvo justo detrás de ella, pasó sus manos por su cabeza hasta tapar sus ojos. Ella tomó sus manos y él apretó un poco más para que ella no pudiera soltarse.
     —¿SungYeol? —él la soltó y ella se volteó rápido y lo miró a los ojos—. Pensé que no te vería nuca más —agregó la chica en un berrinche de los que ella sabía hacer. Se puso de pie sobre la silla y se enganchó en los hombros de su novio, dándole un beso fuerte que hizo que extrañamente le temblara la espalda, éste la abrazó fuerte.
     —Alguien tiene que dar la cara por esto —susurró el chico a oídos de su novia. SungYeol la sacó de la silla y la puso en el piso y la miró a los ojos. La chica era bastante más baja que él, pero no había impedimento alguno para ella—. ¿Cómo estás, pequeña?
     —Estoy molesta —respondió ella abrazándolo y utilizando esa voz de niña pequeña que empleaba para hacerle entender que estaba haciendo un berrinche.
     —¿Conmigo?  —respondió abrazando a su chica también.
     —Sí —dijo ella en el pecho de SungYeol.
     —¿Por qué?
     —Porque no querías venir.
     —Pero es que nunca me pediste que viniera —dijo él rompiendo un poco el abrazo.
     —Pero lo insinué.
     —Pues yo no lo noté. Y Laura no me dijo nada. Y si WooHyun no hubiera dicho nada, nunca me habría dado cuenta.
     —Sí, olvidé lo lento que puedes llegar a ser a veces. Te hace daño pasar tanto tiempo con MyungSoo —dijo la chica finalmente soltándose del chico y dirigiéndose a la mesa dónde estaba el computador.
SungYeol la vio hermosa. Quizás era por tanto tiempo sin verla, pero la encontraba mucho más linda. Su cabello brillaba más y su sonrisa se veía más cálida. Pero no sólo eso, sino que vestía un short bastante corto y sus piernas… Iba a ser difícil para él estar con ella ese día sin distraerla.
Ella se sentó y él acercó una silla junto a ella. Briana empezó a hablarle de lo que hacía en el trabajo, los adelantos del comeback y todas esas cosas que SungYeol no entendía del todo; pero le gustaba escucharla hablar de eso, y ver lo mucho que amaba su trabajo. Hablaron un rato sobre lo que ambos habían hecho durante la semana, hasta que ya no tuvieron nada más que hablar y se quedaron callados. Ella siguió trabajando y él la miraba. Cuando hubo detallado hasta el último cabello de su cabeza, se puso a dibujar en uno de los papeles que había sobre la mesa hasta que se aburrió y se recostó sobre la mesa.
SungYeol ya no sabía que pensar. Estaba aburrido, le gustaba estar a su lado mientras ella trabajaba, pero no tanto tiempo. Ella de vez en cuando le daba un beso en la mejilla y él de vez en cuando la abrazaba, pero no era divertido así. Después de más o menos media hora, ella se quejó porque tenía dolor de cabeza y él le recomendó que se recostara un rato en la cama y ella accedió.
Estaban acostados en la cama, ella recostaba la cabeza en su pecho y él tenía sus brazos en su cintura. SungYeol estaba luchando duramente con el bombardeo de pensamientos que lo atacaban. Cada vez que ella se movía un poco, rozaba su pierna en la de él, lo bastante arriba como para que él sintiera como su voluntad flaqueaba lentamente. SungYeol definitivamente no había ido a visitarla pensando en eso. Quizá se le cruzó una que otra vez por la cabeza, pero había espantado los pensamientos pensando en lo ocupada que estaba ella; sería una distracción para ella y perdería mucho tiempo. Además, se suponía que él debía descansar ese día, y no gastar sus fuerzas en una muy caliente jornada que probablemente, muy probablemente, los dejaría exhaustos a ambos. Por otra parte, hace tanto tiempo que no estaban juntos y le hacía falta. De hecho le había hecho bastante falta en las noches. Además, dicen que el sexo libera toxinas y esas cosas que hacen que te amargues y todas esas sandeces que dicen los médicos. Él estaba seguro de que ella no se enojaría. Lo disfrutaba tanto o más que él. No, más no, pero sí lo disfrutaba bastante. Iba a ser bueno para ambos, distraerían la mente y descansarían un rato. Siempre se sentía mejor después de que hacían el amor. Además, estaban solos. Estaba seguro de que ni Laura ni Silvana llegarían al departamento. Seguro y hasta SungKyu y su chica andaban en las mismas, y esos sí que no tenían vergüenza, hacerlo en el mismo departamento en el que hay seis personas más, despiertas. Pero no los culpaba, después de tanto tiempo y con tanto estrés que cargaba él líder; si él sentía que lo necesitaba, seguro su líder también.
Pero no tuvo que hacer más esfuerzo por controlarse, porque al parecer su novia pensaba lo mismo que él. Antes de que se diera cuenta, Briana estaba besándolo suavemente y él se sintió complacido. Hace tanto tiempo que no la besaba, la había extrañado mucho. Le encantaba el sabor de sus labios y lo hábil que era con su lengua. Pero esta vez SungYeol quería llevar el control, se encargaría de quitarle todo el estrés a su novia y hacerla feliz por rato.
Se volteo y quedó sobre ella. La chica lo miró con algo de sorpresa y sonrió, él sonrió de vuelta y sin decir una palabra empezó a besarla de esa forma que la volvía loca. SungYeol y Briana tenían dos formas principales de hacer el amor, la primera muy apasionadamente, y la segunda, que era la que él más disfrutaba, de forma muy cariñosa. Disfrutaba dedicar el tiempo en comerse a su novia a besos. Desde la cabeza hasta los pies, había aprendido a conocerla, se había convertido en un experto en ella. Muy por el contrario a lo vergonzosa que había sido su primera vez con ella, ya la conocía y conocía lo que le gustaba. Así que hizo mano de su conocimiento y empezó a tocar esos lugares que la enloquecían y que la hacían pedirle más; pero en momentos como ese, a él le gustaba ir lento y disfrutar cada gota de ella. Se hacía paso libre por el cuerpo de su chica, y recordaba cuánto amaba cada parte de ella, sus senos tenían el tamaño y la forma perfecta, su cintura era perfecta para él, sus piernas, todo, él amaba todo de ella, él la amaba y hace bastante tiempo ya, había dejado de esconderlo y le gustaba hacérselo saber siempre que fuera posible. Recordaba cómo se molestaba cada vez que ella empezaba a quejarse por su apariencia, así que cada vez que podía le hacía saber que había alguien al que le gustaba absolutamente todo de ella, y ese era él.
La sesión continuaba mientras él se encargaba de su ropa y la de ella. Alternaba los besos por todo su cuerpo y luego volvía nuevamente a su boca, era el lugar que más le gustaba besar.
Cuando estuvieron desnudos, SungYeol se dio el lujo de observar y detallar una vez más, cada parte del cuerpo de su novia. Ella quiso taparse, él sabía que se sentía incómoda cuando hacía eso, pero no se lo permitió y la besó cariñosamente, asegurándose de que ella entendiera lo mucho que le gustaba su cuerpo. Continuó su sesión de besos, desde la boca de su novia, bajando por todo su cuerpo, hasta la parte baja de su abdomen. De ahí pasó a besar sus pies y subió lentamente por sus piernas, hasta llegar a la entrepierna. Pero no pudo hacer mucho ahí, ya que su cuerpo lo amenazaba por abandonarlo a medio camino. Ella lo miró con algo de disgusto, pero él no le dio tiempo para pensar en nada más, porque pronto estuvo dentro de ella y se deleitó en escucharla gemir. Casi había olvidado la sensación que le producía estar dentro de ella, era lo más cerca de ella que podía estar, y sentía como sus cuerpos se complementaban y se ajustaban al ritmo del otro. Su corazón latía rápidamente, mientras su ritmo y fuerza aumentaban. Él se complacía en escucharla gemir y retorcerse debajo de él y aunque pocas veces acababan al mismo tiempo, y esa no había sido uno de ellas, sabía que ella quedaba satisfecha.
Siempre, desde la primera vez que habían estado con ella, había quedado completamente agotado; y no entendía como la gente de las películas hacían otras cosas después de haber tenido sexo. En cada sesión, SungYeol daba todo de sí. Quizás por eso quedaba sin fuerzas y como siempre, le gustaba recortarse en el pecho desnudo de su novia, a escuchar como los latidos de su corazón disminuían, mientras ella acariciaba su espalda sin decir palabra alguna. Ambos sabían que no era necesario hablar para saber que habían quedado satisfechos el uno con el otro. Tenía esa comunicación especial, que aunque el resto del mundo no lo pudiera entender, era más grande que ellos mismos. Esa misma comunicación que a pesar de los problemas, los hacía mantenerse juntos y superarlos cada vez que se les presentaban, la comunicación de los amantes, esa comunicación que tiene las personas que se aman y lo saben. A él le gustaba recordar cuanto la amaba, quizás a veces era necesario, ya que así ganaba fuerzas para aguantar lo complejo de su vida y su relación con ella.