MyungSoo no entendía por qué sí tenía un día de descanso,
no podía salir con su novia. El destino lo odiaba y él odiaba al destino y a la
hermana de Silvana que no la dejaba ir a visitarlo cuando todos (o casi todos,
porque por algún motivo SungJong y Hoya seguían en casa) habían salido. Leyó
una y otra vez el capítulo que acababa de salir apenas del manga que estaba
leyendo. Pero nada lo hacía dejar de pensar en ella, y es que era tan hermosa…
Miró la foto que tenía de ella en su celular (como fondo de pantalla, porque
era necesario verla todo el tiempo), estaba tan feliz de que su relación se
hubiera estabilizado, aunque nunca era en realidad muy normal. Ella nunca
dejaría de mirar a WooHyun (aunque no entendía por qué, si todos sabían que él
era mucho más apuesto, por algo era el visual), pero él había entendido que lo
veía como una fan ve a un idol, o al menos eso había dicho ella y él prefería
creerlo.
Pero ahí estaba él, preguntándole en un mensaje, por milésima vez qué hacía
y ella respondiéndole también por milésima vez que hacía un trabajo para la
universidad. Dio vueltas en la cama y se enredó en las sábanas, hasta que se le
ocurrió la idea más brillante del universo, pero cuando intentó levantarse, se
dio cuenta de que estaba atrapado entre las sábanas y su propio cuerpo y gritó
con desespero. Lo único que medio escuchó fue la vocecilla del maknae lanzando
cualquier cantidad de insultos.
Cuando se hubo liberado por fin de las ataduras de su cama, corrió al baño
y se encerró a bañarse. Iría a visitar a su novia, Laura había dicho que ella
no podía visitarlo, no que él no la podía visitar. Después de todo, Briana y
Laura sí estaban trabajando. Antes de entrar a la ducha le escribió un mensaje
a su novia, avisándole que iría a visitarla y dos minutos después escuchó la
melodía que le aceleraba el corazón, su novia lo llamaba.
—No vengas —escuchó la voz de Silvana antes de que él le contestara
con alguno de esos saludos ridículos que él solía usar en ella.
—¿Qué? ¿Por qué? No, aish… yo
quiero ir… —respondió el chico en un berrinche.
—Porque estoy sola.
—Mejor —respondió él con una
galantería que le quedaba un poco extraña.
—Si mi hermana llega y nos encuentra solos, nos mata. Y te imaginas que
se le ocurra venir con SungKyu…
MyungSoo pasó saliva imaginándose la escena, en verdad era aterradora. Pero
se llenó de valor para parecer valiente frente a su novia.
—Ellos no tienen ningún
derecho. ¿Sabes que cuando tu hermana viene, ellos se encierran en el cuarto?
—Sí lo sé —dijo ella algo asqueada—, esos dos no tienen vergüenza.
—Por eso, entonces iré.
—Aunque te diga que no lo hagas, sé que lo harás.
—Um…
—Bueno, no tardes.
MyungSoo hizo caso a la última orden de su novia y estuvo listo en menos de
quince minutos. Se vistió con lo primero que encontró (no es que hubiera mucha
diferencia con el resto de su ropa, toda su ropa era igual) y salió de la casa
sin avisarle a nadie más que a su conciencia.
Cuando estuvo frente a la puerta de la casa de su novia, tocó el timbre más
de diez veces en menos de un minuto (y es que estaba desesperado por verla, aún
cuando la había visto hace dos días, además, habían niñas cerca y ¿si eran
fans? Entonces estaría en problemas) y ella abrió la puerta con esa mirada de
odio que solía dirigirle. Él la empujó adentro entre los insultos de ella.
—Shhhh… —dijo el chico
mirando a la puerta ya cerrada— pueden escucharnos.
—¿Quiénes? —dijo la chica
fastidiada.
—Las niñas que están en el
pasillo.
—Diossssss… —dijo ella
llevándose una mano a la cabeza— te estás volviendo loco y me vas a volver loca
a mí.
Antes de que ella se diera la vuelta, él la tomó entre sus brazos y la
estrujó. Ella soltó un sonidito como si fuera uno de esos muñequitos de aire y
la besó suave y ella lo besó también.
—Ya me puedes soltar.
—No quiero.
—Pero me vas a matar.
MyungSoo soltó a su novia y la vio alejarse hacia no sé donde, pero él
pensó que moriría. Se veía tan tierna como siempre, él la veía tan pequeña, tan
frágil, pero tan sexy que no pudo aguantar más y entró en su modo desesperado.
La tomó por el brazo y la jaló al cuarto y cuando estuvieron dentro ella se
soltó bruscamente.
—¿Qué haces? —preguntó ella
fastidiada.
—No hay tiempo que perder
—ella rió.
—¿Tiempo de qué?
—Tu sabes de qué… —él miró a
un lado y ella rió nuevamente.
—Eso es tan poco sexy —dijo
ella y él la miró tristemente.
—¿Por qué siempre eres tan
mala?
—Debes seducirme, así no es
divertido.
Esta vez fue él quien rió. Y se acercó con ese caminado de L que a sus fans
tanto enloquecía y su novia no era la excepción, sólo que ella reía suave y se
cruzó de brazos esperando lo que vendría. Él se acercó a ella y la observó
desde arriba. Sus ojos negros lo volvían loco. Pero detrás de esa ridícula
actitud, estaba ese MyungSoo que a Silvana le gustaba y que él sabía ser sólo
con ella.
Rodeó a su novia con sus brazos y la besó suavemente. Ella lo abrazó también
y le respondió el beso. Él sentía las pequeñas manos de su novia en su espalda
que lo rodeaban en su calor y su aroma. La levantó como en las películas (o los
mangas, esos shojos baratos, con lolitas como protagonistas y donde el
coprotagonista es un chico apuesto, alto y perfecto) y la puso suavemente en la
cama. Ella lo miró riendo y él la besó nuevamente. No era la primera vez que
sucedía. Las pocas veces que habían estado juntos, MyungSoo hacía todo un
‘ritual de amor’ (muy ridículo por cierto). Esos dos eran una pareja muy extraña.
El chico se apoyó en uno de sus brazos y acarició el rostro de su novia. Ella
sabía lo torpe que era con esas cosas (ni qué hablar de la primera vez, a ella
le pareció muy tierno, sí, pero él había sido muy torpe… mucho) así que fue
Silvana quien tomó el control esta vez.
—Yo te voy a seducir esta vez
—susurró la chica en su oído justo después de voltearse y dejarlo a él debajo
de ella. Por supuesto MyungSoo estaba al borde de la muerte. Su corazón latía
más rápido que cuando estaba en la montaña rusa, y su amigo allá abajo quería
volverse loco.
La chica empezó a besarle el cuello lentamente, pasaba desde el borde de su
camisa y subía despacio hasta su oreja y la mordía suavemente. Él temblaba ante
cada beso. No había duda alguna, ese día moriría. Le dejaría toda su herencia a
ella por haberlo matado felizmente.
Su corazón se detuvo cuando sintió los dedos de ella deslizarse por debajo
de su camisa, rozando su abdomen y luego su pecho y luego la otra mano y sintió
como sus pequeñitas manos se apoderaban de él y su corazón saltaba fuera de su
pecho. No, eso no podía ser real, era un sueño, se había quedado dormido
enredado entre las sábanas. Pero los besos de ella en su pecho lo trajeron a la
realidad. Si no se había quedado dormido, se había muerto y estaba en el
paraíso. Porque en el infierno no habían ángeles. Pero no podía ser el cielo,
porque se estaba quemando, los besos de ella lo quemaban. Y si estaba en el
infierno, eso sería un castigo, el mejor castigo que jamás habría existido. Pero si es un castigo acabará pronto.
MyungSoo se sentó de un brinco y ella lo miró asustada. Pero sin darle
mucho tiempo, atacó sus labios intensamente, los besó con toda la pasión que
cabía en su cuerpo, usó su lengua para explorar la boca de ella y sólo la soltó
para quitarle el lindo camisón que llevaba, para encontrarse con ese lindo
sostén (en realidad no era lindo, era azul, pero a MyungSoo le gustan las cosas
tontas). Ella lo miró algo espantada, pero estaba feliz, éste era el MyungSoo
que le gustaba. Y ahí estaban, esa extraña pareja, ella sentada en sus piernas,
uno enfrente del otro, el devoraba sus labios. Pero él parecía desesperado y
ella no podía seguirle el ritmo así que se detuvo y el chico la miró extrañado.
—No me voy a ir a ningún lado
—dijo la chica riendo y acariciando suavemente las mejillas de él.
Ella volvió a besarlo, esta vez más suave y él la siguió. Silvana le quitó
la camisa y acarició su espalda, mientras él intentaba inútilmente soltar el
estúpido cierre de su brasier. Ella entendió lo que sucedía y lo empujó
suavemente, dándole a entender que se recostara y cuando él lo hubo hecho, ella
misma soltó su sostén. MyungSoo sintió como su corazón se detenía al verla así,
desnuda frente a él, con toda su perfección (porque ella era perfecta, no había
en el mundo —ni en los mangas— una mujer más perfecta que ella) y no pudo
aguantar las ganas de abrazarla, le encantaba, sentir su cuerpo desnudo junto
al de él, el calor del cuerpo de su novia lo enceguecía y su aroma lo volvía
loco. Y ahí estaba él, embobado con su chica entre sus brazos, hasta que volvió
a la tierra.
—¡¡MyungSoo!! ¡¡MYUNGSOO!!
—lo bajó del cielo, su novia soltándose de sus brazos— están tocando la puerta.
—¿Qué? —respondió con esa voz
de robot defectuoso.
—Rápido vístete —ordenó
Silvana poniéndose las ropas que su novio le había quitado.
MyungSoo veía a su novia correr de aquí para allá, organizando el desastre
que habían hecho, sin en realidad saber qué hacer. Ella lo empujó fuera de la
habitación y lo hizo que se sentara en una de las sillas junto al computador,
donde se supone ella debería estar trabajando (y no haciendo pensar a MyungSoo
que soñaba, o que había muerto y estaba en el paraíso, o en el infierno con una
sexy diabla…), justo antes de que abrieran la puerta. Quien abrió fue Laura,
pero para desgracia de los chicos, quien venía detrás de ella era nada más y
nada menos que SungKyu, seguidos por SungYeol y Briana (eso iba a ser una
reunión molesta). MyungSoo pasó saliva y sintió como la mirada de SungKyu se le
clavaba justo entre los ojos, lo había asesinado con la mirada. Estaba perdido,
no sólo por todo lo que el líder le diría, sino porque su mejor amigo lo miraba
con una sonrisa que sólo significaba que lo molestaría toda la vida por lo que
acababan de presenciar (que no era nada en realidad, pero él sabía todo lo que
SungYeol era capaz de imaginar, y a el alto no le temblaba la boca cuando se
trataba de fastidiar a MyungSoo). Laura le dirigió una mirada asesina a él y
luego dijo algo en español que el chico por supuesto, no entendió y su hermana
le respondió, pero por el tono de sus voces sabía que estaba en problemas.
MyungSoo tembló cuando sintió a su líder pasar por su lado y luego dirigirse a
él.
—¿Por qué no abrieron la
puerta?
—Porque pensé que era Laura
—respondió Silvana quizás por miedo a que el chico dijera algo estúpido que los
metiera en peores problemas de los que ya tenían.
SungKyu le dirigió otra mirada asesina.
—¿Y porque era yo no me ibas
a abrir? —preguntó esta vez la pelirroja que obviamente estaba también molesta.
Y MyungSoo sintió que habían dos SungKyus que querían asesinarlo (quizás hasta
tres, porque Briana no paraba de mirarlo).
—Tú te sabes el código, SungKyu
se sabe el código, Briana se sabe el código y SungYeol se sabe el código, ¿la
pregunta es por qué estabas tocando y no entraste simplemente? Yo no estaba
segura de quien podría ser —respondió la menor de las chicas y MyungSoo se
impresionó por lo experta que era su novia en dar excusas.
—Quien tocó la puerta fui yo
—interrumpió SungKyu, y aunque era con Silvana, él sintió que las palabras iban
para él.
—Igual podías abrir
—respondió Silvana que cuando estaba molesta (y vaya que estaba molesta, aunque
MyungSoo no sabía si era con él o con el resto del mundo, porque él también
estaba molesto porque no había terminado lo que con tantas ansias habían
empezado, de hecho hasta su amigo estaba asustado y ahora él tampoco quería
nada… o quizás sí, ella hacía que él siempre quisiera) no le tenía miedo a
nadie y entre esos al mayor.
SungKyu no respondió, quizás por no pelear con la chica (nunca le decía
nada en realidad, él dejaba que la pelirroja se encargara de ese problema) o
quizás porque justo después de que Silvana le respondió, su hermana mayor
empezó a decir una cantidad de cosas en español, excluyéndolos a todos (menos a
Briana, quien ya se había reunido con las otras chicas en la cocina para entrar
en la discusión), de la conversación. Las dos chicas mayores le decían cosas a
Silvana y MyungSoo nada más veía como su chica torcía la boca en desaprobación.
Pero MyungSoo no pensó más en su seguridad sino en la de él, cuando sintió la
mano de SungKyu en su hombro, con esa molesta frase que dicen los padres y que
te recuerda que estás en problemas “tenemos que hablar”, acompañada de la
mirada de SungYeol que le hacía saber que después de la plática con el líder,
venía la tortura que él le dedicaría.
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