viernes, 29 de noviembre de 2013

Oportunismo

Ese viaje a Japón había sido una mala idea. Desde antes de llegar a la cabaña ya estaba cansada, el viaje había sido tedioso, la habían hecho ir a comprar provisiones con MyungSoo, quien no dejaba de mirarla extraño. Además de todo WooHyun parecía entretenido en otras cosas y ni siquiera la miraba. Y justo cuando se quitó la camisita para mostrar su lindo bikini rojo junto a su sensual cuerpo que había trabajado dos semanas antes para enseñárselo a todos, SungKyu le arrojó una toalla dándole a entender con los ojos que no debía hacerlo.
Como si fuera poco, todas sus esperanzas se acabaron cuando supo que dormiría con SungJong y no con WooHyun como había soñado. Pero lo que le terminó de dañar la jornada fue escuchar las voces de su hermana y de Briana en la salita de la cabaña ¿Cuál era su problema? Eran las jodidas 11:00 de la noche, ellas tenían novio y podían disfrutar de ellos. De hecho, ya se había hecho a la idea de escuchar los gemidos ahogados de su hermana en la habitación de al lado. Pero no, ellas estaban afuera haciendo ruido y no dejándola dormir (que en realidad no lo hacía, estaba navegando en su celular, revisando rumores de Infinite y twiteando acerca de lo lindo que era SungJong, mientras dormía junto a ella).
Cuando ya no aguantó más, se levantó del futón en el que dormía. Justo cuando asomó la cabeza por la puerta vio que Hoya asomó la cabeza también, por la puerta de al lado, donde se suponía dormirían el líder y su hermana.
—Hey… —escuchó la voz de Hoya susurrar. Ella salió del cuarto y se puso frente a él.
—¿Qué?
—¿No puedes dormir?
—No. ¿Quién puede con éstas dos hablando? ¿Tú qué haces ahí?
—Ven, entra —apuntó Hoya haciéndose a un lado para que ella pasara. Silvana miró a las dos chicas en la sala, que no se habían percatado de la presencia de ella y de Hoya.
—¿Qué pasó? —dijo Silvana encendiendo la luz de la habitación.
—¡No! No quiero que las dos habladoras vengan a molestarme —dijo Hoya refiriéndose a la luz.
—Aaaah… okey… —Silvana se sentó en la camita que había en el piso (porque SungKyu había perdido la habitación más grande, pero se había quedado con la única cama en toda la cabaña), Hoya la siguió y se sentó frente a ella. Silvana no estaba muy acostumbrada a conversar con él, pero no era la primera vez que lo hacía.
—Entonces, ¿qué pasó? —preguntó finalmente ella.
—SungYeol y Briana pelearon.
—¿Por qué?
—No sé, algo que tiene que ver con MyungSoo. En todo caso, esos tontos pelearon, Briana sacó a SungKyu-hyung de su cuarto y se metió al cuarto con Laura. SungKyu-hyung, por supuesto, estaba enojado y me sacó a mí de la habitación para dormir con DongWoo –hyung que al parecer es el único que no le tiene miedo. Y Briana y Laura se salieron para la sala. Así que yo me vine para esta habitación porque no iba a dormir con SungYeol y menos si está amargado.
—Ush! Que fastidio. They are a pain in the ass.
—¿Qué?
—Nada.
Hubo un silencio algo incómodo y Silvana notó por primera vez la extraña mirada que el chico le dedicaba. Supo entonces que había cometido un error al entrar a la habitación y se dispuso a marcharse.
—Bu-bueno, yo me voy —dijo levantándose, pero Hoya fue más rápido que ella y la tomó por los hombros.
—No te vayas —dijo el chico en un tono de voz que ella nunca había escuchado de su boca. Él se acercó más a ella haciendo presión con sus manos para que se acostara.
—¿Q-qué haces? —dijo ella bastante incómoda y tratando de soltarse. Hoya no respondió y siguió ejerciendo presión hasta que ella estuvo completamente acostada, pero ella se sacudió de tal manera que se liberó de él y corrió a la puerta, pero el chico la alcanzó y la tomó por el brazo.
—¿Hoya qué haces? No podemos hacer esto —dijo ella mientras él se acercaba y ésta retrocedía.
—¿Por qué no? ¿Quién nos lo impide?
—SungKyu - —empezó a decir Silvana pero él la interrumpió.
—Bah! SungKyu-hyung disfruta de tu hermana, incluso SungYeol disfruta de Briana —la conversación seguía mientras él avanzaba y ella retrocedía. Silvana no podía creer que Hoya estuviera haciendo esto. ¿Por qué le hacía eso a ella? Ella estaba enamorada de WooHyun, todos lo sabían. ¿Pero quién podía resistirse a ese cuerpo que la presionaba ahora contra la puerta? A ese aroma de hombre, a sus ágiles manos que se colaban por debajo de su camiseta y rozaban sutilmente sus caderas y su abdomen, a su boca que besaba suavemente su cuello y que la hacía perder el aliento.
—Hoya… —dijo entre los suaves suspiros que se escapaban de su boca, por la lengua del chico que se paseaba por su cuello— yo… WooHyun… —dijo con las pocas palabras que podían salir de su boca. Porque Hoya la estaba haciendo sentir muy, muy bien; de hecho, no recordaba cuando fue la última vez que se había sentido así.
—Ssshh… WooHyun no tiene porque enterarse, puede quedarse entré tu y yo —respondió el chico entre los besos que le procuraba y que ahora rozaban la comisura de sus labios.
Ella tenía sus manos apoyadas en el pecho duro de él. En algún momento estuvieron empujándolo, pero ahora que las manos de él viajaban indiscretamente por su abdomen y ascendían hasta rozar el borde de su bikini, sus propias manos se resistían a alejarlo; esas mismas manos que luchaban con su cabeza que le repetía que debía alejarse de él, y con él deseo que quería apoderarse de ella gritándole que lo atrapara y no lo dejara ir, no por esa noche.
Pero el deseo fue más fuerte que la razón y ella prefirió no decir nada más, después se encargaría de su conciencia, ahora sólo iba a encargarse de disfrutar.
Hoya le quitó la camiseta que estorbaba el camino de sus manos y atacó sus labios, suavemente pero lleno de pasión. Ella sintió que se desplomaría por los escalofríos que le proporcionaba la lengua del chico rozando su paladar. Hoya se separó un poco de ella y la observó.
—WooHyun no sabe de lo que se pierde —dijo antes de volver a la boca de ella y luego bajar por su cuello, mientras unas de sus manos rozaba el nudo del bikini en su espalda y la otra el borde del short.
Hoya bajó lentamente de su cuello a su pecho y pasó a besar la parte expuesta de sus senos. Antes de que Silvana pudiera reaccionar, sintió que la mano en su espalda soltaba el nudo del brazier y este se caía al suelo, dejando sus senos completamente expuestos.
Rápidamente, Hoya posó sus dos manos en la angosta espalada de ella y se dedicó a besar y lamer  sus senos, mientras las pequeñas manos de ella se enredaban en su cabello. Él bajó, entre besos y lamidas, por su abdomen hasta llegar al borde de su short. Lo deslizó lentamente por sus piernas, rozando toda la piel en su camino y dejándola nada más con la sexy tanga roja. El chico pasó su lengua por la parte interna de sus muslos y ella ahogó un gemido. Las piernas le temblaban y quizás el lo notó, porque se levantó y la besó antes de lazarla hasta dejarla un poco más arriba que él. Silvana rodeó sus piernas alrededor del torso de él, mientras este la llevaba a la cama.
La recostó en la cama y se puso sobre ella apoyado en sus rodillas, se quitó la camiseta y ella tuvo la oportunidad de ver ese cuerpo que traía locas a tantas fans. Ese cuerpo tan deseado estaba sobre ella, apoyado en sus antebrazos y la miraba con deseo. Ese cuerpo que sería suyo esa noche y ella lo supo cuando sintió sus manos calientes deslizando la tanga roja por sus piernas. No había vuelta atrás, ella estaba completamente desnuda y él la haría suya.
Él separó un poco más sus piernas y ella supo lo que haría. Su corazón empezó a latir más rápido cuando sintió su aliento entre sus piernas. Era sólo el calor que salía de su boca lo que le erizaba la piel y la hacía querer gritar, pero cuando sintió la lengua de él rozar su interior, pensó que sería le fin. Hoya jugaba con su lengua, entrando y saliendo de ella, sin hacer más que provocarla, pero ella sentía que era suficiente para dejarla muerta toda la noche. Pero él pensaba muy diferente. El chico se alejó de ella y se quitó la sudadera que llevaba y los bóxers de un solo tirón dejando ver su erección latente.
Silvana no supo de dónde, pero Hoya sacó un condón y como por instinto, se acercó a él para ayudarlo o quizás para hacer que la deseara un poco más.
—¿De dónde sacaste eso? —preguntó mientras se recostaba nuevamente.
—SungKyu-hyung —fue lo único que respondió él, antes de atacar una vez más sus labios y explorar el interior de su boca con su lengua.
Mientras ella se dejaba besar, acariciaba la espalada de él con sus manos y sentía como sus genitales se rozaban. Pero sin mucho aviso, el entró en ella y la chica sintió ese dolor al que nunca se acostumbraría, pero que era capaz de soportar porque sabía el placer que lo precedía. Él la Besó un poco más suave esta vez, mientras salía lentamente y luego volvía a entrar con la misma velocidad. Ella sentía esa corriente recorriendo su espalda y como su cuerpo la impulsaba por seguir el ritmo del movimiento de él.
Pronto él aumentó la velocidad de las embestidas y ella luchaba por acallar los gemidos. Hoya pasó su mano izquierda por detrás de ella y la posó en la parte de baja de su espalda. Disminuyó un poco la velocidad y mientras se apoyaba en su brazo derecho, levantó la cadera de ella, acercándola más a él y dejándola en una posición en la que pudo llegar a ese punto que ella tanto deseaba.
Silvana soltó un gemido y rápidamente se llevó las manos a la boca. En la misma posición, Hoya volvió a aumentar el ritmo de las embestidas, rozando ese punto que la volvía loca. El chico se sintió satisfecho cuanto la vio sin aliento, completamente extasiada. Quitó la mano de detrás de ella y puso ambas manos a los lados del cuerpo de ella para quedar a la altura de ella y poder mirarla a los ojos antes de acabar y desplomarse sobre ella.
Unos minutos después, se hizo a un lado para acostarse y atraerla a él para que se apoyara en su pecho.
Hubo un momento de silencio, en el que Silvana sólo pensaba en lo bien que lo había pasado.
—¿Qué- —empezó hablar él pero ella lo interrumpió.
—No digas nada. No dañes el momento —dijo ella acomodándose en su pecho, él le hizo caso y la acercó más a él.

Silvana notó que las voces de Laura y Briana ya no se escuchaban afuera, no supo en qué momento dejaron de oírse y no quiso pensar en eso. Mañana se encargaría de lo que sucediera; quizás saldría del cuarto temprano antes de que todos se despertaran, o quizás dormiría hasta el día siguiente y fingiría que nada pasó ¿Quién sospecharía de ellos? No importaba, de todas formas no iba a solucionarlo en ese momento, esa noche iba a dedicarse a recrear en su cabeza la agitada jornada que había vivido y quizás, ¿por qué no? Repetirla una vez más.

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