viernes, 29 de noviembre de 2013

Yeollie

La cabeza se le iba a explotar. Ahora que había dejado de tomar café como antes, no encontraba nada más que lo distrajera para no pensar en su constante dolor de cabeza (sí, porque si no pensaba tanto en eso quizás podía desaparecer. Mentira), el té no servía y temía tomar cualquier pastilla para el dolor y terminar volviéndose dependiente de ellas. El café parecía un vicio menos espantoso. Quizás debía empezar a fumar a escondidas, dicen que la nicotina calma los nervios. Nadie tenía que enterarse de todas formas y aunque se enteraran, no tenía porque darle explicaciones a nadie, estaba lo suficientemente grande para hacer con su vida lo que quisiera. Sí claro, ¿a quién estaba tratando de engañar? Su vida no le pertenecía, su salud no le pertenecía y sus nervios no le pertenecían.
Empezaba a creer que nunca dejaría de afectarle, no importaba cuantas veces fuera a un variety show y en todos le dijeran lo mismo, nunca dejaría de afectarle. En ocasiones le afectaba menos. Pero siempre sería igual, nunca dejaría de ser el miembro inútil de Infinite, el que no canta, no baila y no es lo suficientemente apuesto. No importaba cuánto ejercicio hiciera, nunca llegaría ser la mitad de apuesto que WooHyun. No importaba cuánto se arreglara no llegaría a ser tan lindo como MyungSoo o SungJong. Sin importar cuánto ensayara no bailaría nunca como Hoya o DongWoo. A nadie le importaba qué tan bien rapeara o cantara, nunca le darían más de dos líneas en una canción.
Mientras todos hablaban de lo bien que les había ido en el programa, SungYeol fingía —como siempre— y hablaba de lo muy ‘divertido’ que había sido. Su cabeza palpitaba y sólo pudo agradecer lo muy tarde que llegaron al dorm, porque así nadie le preguntaría por qué corrió a su cuarto, a esconderse debajo de las sábanas como un niño pequeño para esconderse de los fantasmas que lo perseguían, pero que por supuesto, no lo dejaban en paz aún cuando se encontraba lejos del mundo que lo atormentaba. SungYeol nunca dejaba de pensar en lo muy inconforme que se sentía consigo mismo, todos le decían que debía encontrar ese punto en el que se sintiera orgulloso de sí mismo, pero sin importar cuánto lo buscara, no lograba encontralo. Más aún porque de su cabeza nunca saldrían esas palabras que le recordaban lo inútil que era, Infinite no lo necesitaba, si SungYeol faltara en Infinite nadie lo notaría. De hecho nadie hizo algún comentario sobre su ausencia cuando estuvo grabando Law Of The Jungle.
SungYeol sentía cómo su corazón se encogía y se odiaba por ser tan débil, tan inútil y tan inferior a lo que incluso él mismo decía ser. Su cabeza empezó a palpitar una vez más y esta vez sintió ese nudo en la garganta que no significa más que las lágrimas que luchan por salir. Apretó los dientes tratando de ser fuerte, pero no lo soportó más, dejó que las lágrimas corrieran, quizás si se dormía llorando estaría tan cansado que las pesadillas no lo perseguirían esa noche.
Las lágrimas corrían por su rostro y caían en su almohada que estaba ahora mojada por la cantidad de lágrimas que salían. SungYeol estaba cansado de llorar, quería ser tan fuerte como SungKyu, que aunque él sabía lo muy débil que podía ser a veces, se mostraba siempre fuerte para ellos. Pero él no era así, por mucho que lo intentara nunca sería lo suficientemente fuerte y nunca dejaría de llorar por las noches hasta que su cabeza dejara de doler y el cansancio lo derrotara a tal punto que las pesadillas no lo perseguían.